Pasacalles Stop Redadas Racistas Domingo 12:00

Este domingo 21 de abril a las 12:oo en Plaza Lavapiés La Asamblea Popular de Lavapiés convoca a las vecinas a participar en este pasacalles que pretende denunciar las redadas racistas que la policía continúa llavando a cabo en este nuestro barrio.

Unas vecinas del barrio nos comparten dos relatos acerca de estas injusticias. Una de ellas ha sido citada a juicio por presenciar una redada racista.

Relato 1.

Desde que soy vecina de Lavapiés, este ha sido un barrio con una presencia policial desagradablemente elevada. Recuerdo haber presenciado desde el principio redadas racistas, malos tratos, malos gestos, malas miradas hacia unas vecinas que integran poco a poco como algo cotidiano la perversión de unos intrusos que nunca han sido necesitados ni reclamados para nada que hayan solucionado después.

Esta presencia no es más que un símbolo del sistema en el que vivimos, una herramienta más que usa este con diferentes intenciones: la criminalización e intimidación a diferentes espacios y gentes relacionados con la lucha social; el acoso a las vecinas migrantes del barrio; generar un clima de inseguridad constante, por el que fuese necesaria su presencia; atosigar a toda persona que de manera individual o colectiva quiera hacer uso del espacio público con un fin que no es el que promueve el estado (este es, hacer de nuestras plazas, parques y calles, lugares de tránsito en vez de lugares de convivencia, lugares habitables en los que promover un ocio y una cotidianidad alternativa) A través de su presencia, mediante sus actitudes autoritarias, pretenden hacernos escapar de nuestro barrio para poder especular, una vez más, con sus infraestructuras.

 Si mal no recuerdo, desde que el 15 de mayo del 2011 vecinas de todos los barrios y pueblos del estado, ocuparan sus plazas, viviéndolas, llenándolas de discurso, de contenido, haciendo de ellas unos espacios de encuentro y convivencia, existe un helicóptero que día a día acecha nuestro cielo más próximo, un helicóptero que genera contaminación acústica, medioambiental y contaminación de la tranquilidad de nuestras vidas, desarrollando la idea de que constantemente estamos siendo acechados, observados, de que fuéramos personas peligrosas a las que hay que vigilar sin tregua alguna.

Este barrio cuenta además, con más de sesenta cámaras de video vigilancia, adheridas a nuestras paredes, a nuestras casas, haciendo notable el acecho constante hacia todos nuestros movimientos.

 En los últimos meses, por si toda la red de represión que ya tenían instaurada no fuese suficiente, venimos observando (entre otros motivos gracias al plan de seguridad ciudadana que la escoria de la señora Cifuentes se ha sacado de la manga) como ha incrementado el número de agentes de la fuerza y orden de seguridad del estado que patrullan sin descanso nuestras calles. Estos sujetos, desafiantes, violentos, prepotentes, autoritarios, que tratan de intimidarnos día a día, generan una imagen distorsionada del barrio que deseamos, como siempre con total impunidad, campando a sus anchas, generando situaciones de vulnerabilidad para las vecinas que tienen que integrar  en sus vidas a estos personajes sin poder apenas mirarlos volviendo a casa libres de una orden de identificación.

Esta presencia exagerada, por mínima que fuera, abominable en cualquier caso, acosa el barrio con un número vergonzoso de policías que merodean como pedro por su casa, a cualquier hora, en cualquier espacio, con cualquier actitud. Esta presencia infecta la cotidianidad de nuestro barrio. Nuestros canijos, juegan ahora rodeados por una o dos lecheras en su plaza, por personajes armados hasta los dientes. Las plazas donde se reúnen las vecinas son desalojadas a horas arbitrarias, por razones difusas, en ocasiones hasta por agentes antidisturbios. Existen muchas realidades terribles que cada día se hacen más comunes, pero  nuestras vecinas migrantes quizás se lleven la peor parte, son intimidadas en todo momento. Las identifican un número ingente de veces al día, las llevan a calabozos donde las mantienen en condiciones detestables, las secuestran y las llevan a los CIES, consiguiendo salir tras varios meses o ser deportadas a cualquier parte de su país o de uno vecino.

 Hace unos días, mientras charlaba con un vecino migrante, me preocupó el poco asombro que me producían sus palabras. Me contó como cada mañana mientras se lava los dientes, le pide a Alá por no encontrarse, una vez más, con la policía. No quiero dejar de asombrarme, que deje de ponerme los pelos de gallina la violencia con la que nos tratan, no quiero que deje de salirme una vena en el cuello cada vez que noto la presencia de la policía, que deje de darme nauseas sus actuaciones, no quiero que asimilemos la represión como parte inevitable de nuestras vidas, no quiero más impunidad en nuestro barrio, no quiero que sintamos que no podemos hacer nada. Quiero despertarme cada mañana y mientras me lavo los dientes saber que será un nuevo día de lucha por pintar el territorio que queremos, quiero saber que seguiremos organizándonos, peleando y desobedeciendo.

Relato 2

Hace poco tiempo, una vecina del barrio, vio como en tantas otras ocasiones, a la policía identificando a varias vecinas migrantes. Se acercó a preguntar a una de ellas si se encontraban bien, si había ocurrido algo.  La policía le gruñó que se fuera, que estaba entorpeciendo una labor policial.  Las vecinas migrantes le contestaron que iban andando y les habían parado sin motivo alguno, pero que no era nada extraordinario, que estaban acostumbradas a esa situación. Cuando esta vecina comentó que no a todas las personas del barrio les pasa, que a las que no tienen aspecto de haber nacido fuera del estado no se les para constantemente para identificarlas, la policía, de muy malas maneras, le exigió  que se identificara, alegando que no la conocían y que podía ser alguien peligroso o incluso estar en búsqueda y captura, la amenazaron con llevársela a identificar a comisaría, trataron de meterla en el coche patrulla y se vio obligada a entregarles su DNI. Semanas más tarde, le ha llegado una citación judicial, tiene pendiente un juicio  por desórdenes públicos.

Lamentablemente esta situación no me sorprende, son ya muchas las ocasiones en las que una vecina se preocupa por otra, se preocupa porque se encuentre vendida a la merced de estos individuos y sale de su acercamiento, con una identificación que se traducirá en una multa o en un procedimiento judicial.

 Pero por muchas agresiones que se cometan contra las personas que luchan, por insoportable que sea su represión, no dejaremos de ofrecer nuestro apoyo, de generar redes, de hacer barrio, de cuidarnos las unas a las otras, de decir en voz alta lo que quieren que callemos, no dejaremos de ponerle palabras a sus actos. Porque ellos tendrán la impunidad que les ofrece este sistema putrefacto, pero nosotras tenemos la legitimidad de saber que cada día construimos, también defendiéndonos, el barrio que queremos, el de todas, para todas.

 Queremos un barrio libre de redadas, no dejaremos ninguna agresión sin respuesta.

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Filed under Acciones, Del Barrio, Migración y Convivencia

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